
CONVIVENCIA E INTERCULTURALIDAD
Desde hace ya tiempo nuestras aulas están cambiando mucho. Es de todos conocidos la mayor afluencia de alumnos inmigrantes a nuestras escuelas, alumnos de muy distintas procedencias y de muy distintas culturas. Los datos son claros, en el curso 1994/1995 había 51.213 alumnos inmigrantes en las escuelas españolas, mientras que en el curso 2004/2005 ascendían a 457.245.
La escuela tal y como la conocemos actualmente no está preparada para asumir este cambio y adaptarse a estos alumnos y sus necesidades educativas y sociales.
Se han realizado estudios para conocer la opinión de los profesores ante este tema y las percepciones que tienen hacia la interculturalidad de sus alumnos. Al realizar este estudio se ha comprobado que la mayoría de los profesores asocian los conflictos a causas sociales más que a causas académicas. A partir de esta concepción, se ordenan el resto de sus percepciones.
Muchos de ellos hablan sobre los entornos de los que proceden estos alumnos, entornos donde las normas de funcionamiento son muy distintas, donde existen graves problemas sociales y familiares, donde prima la violencia. Es lógico que muchos de ellos lleven esas conductas a las aulas.
En muchas de las familias se transmiten una serie de valores que en ocasiones contradicen los que se enseñan en la escuela. Esto influye en los alumnos, ya que si perciben que su familia no valora lo que se enseña en la escuela ellos tampoco tienen porque valorarlo.
Otro factor importante es la violencia que existe en los contextos de los que vienen muchos de estos alumnos. Además, en la mayoría de los casos no poseen las competencias sociales y los mecanismos necesarios para una regulación pacífica de los conflictos.
A partir de esta reflexión del profesorado y otras muchas que oímos diariamente, existen dos opciones, mantener estas quejas y seguir con la educación tal y como se está desarrollando o cambiar totalmente la perspectiva, es decir, cambiar totalmente la educación.
La educación que actualmente se desarrolla en las aulas procede de una época en la que la diversidad en las aulas era menor y por tanto los alumnos tenían características más homogéneas. Es necesario superar nuestro etnocentrismo, criticar nuestra escuela y los elementos que la forman y apostar por una nueva escuela en la que quepan todos.
Ahora bien, no se trata de crear una escuela que tenga los mecanismos necesarios para que el alumno se adapte, sino una escuela inclusiva, en la que todas las culturas tengan su lugar.
Si se consigue este objetivo lograremos aprovechar la riqueza que existe actualmente en nuestras aulas, conseguiremos aprender unos de otros y superar el miedo que se tiene a lo diferente, al cambio. Lo diferente es rico, y si aprendemos a valorarlo, aprenderemos también a ver el lado positivo de la interculturalidad.
Desde hace ya tiempo nuestras aulas están cambiando mucho. Es de todos conocidos la mayor afluencia de alumnos inmigrantes a nuestras escuelas, alumnos de muy distintas procedencias y de muy distintas culturas. Los datos son claros, en el curso 1994/1995 había 51.213 alumnos inmigrantes en las escuelas españolas, mientras que en el curso 2004/2005 ascendían a 457.245.
La escuela tal y como la conocemos actualmente no está preparada para asumir este cambio y adaptarse a estos alumnos y sus necesidades educativas y sociales.
Se han realizado estudios para conocer la opinión de los profesores ante este tema y las percepciones que tienen hacia la interculturalidad de sus alumnos. Al realizar este estudio se ha comprobado que la mayoría de los profesores asocian los conflictos a causas sociales más que a causas académicas. A partir de esta concepción, se ordenan el resto de sus percepciones.
Muchos de ellos hablan sobre los entornos de los que proceden estos alumnos, entornos donde las normas de funcionamiento son muy distintas, donde existen graves problemas sociales y familiares, donde prima la violencia. Es lógico que muchos de ellos lleven esas conductas a las aulas.
En muchas de las familias se transmiten una serie de valores que en ocasiones contradicen los que se enseñan en la escuela. Esto influye en los alumnos, ya que si perciben que su familia no valora lo que se enseña en la escuela ellos tampoco tienen porque valorarlo.
Otro factor importante es la violencia que existe en los contextos de los que vienen muchos de estos alumnos. Además, en la mayoría de los casos no poseen las competencias sociales y los mecanismos necesarios para una regulación pacífica de los conflictos.
A partir de esta reflexión del profesorado y otras muchas que oímos diariamente, existen dos opciones, mantener estas quejas y seguir con la educación tal y como se está desarrollando o cambiar totalmente la perspectiva, es decir, cambiar totalmente la educación.
La educación que actualmente se desarrolla en las aulas procede de una época en la que la diversidad en las aulas era menor y por tanto los alumnos tenían características más homogéneas. Es necesario superar nuestro etnocentrismo, criticar nuestra escuela y los elementos que la forman y apostar por una nueva escuela en la que quepan todos.
Ahora bien, no se trata de crear una escuela que tenga los mecanismos necesarios para que el alumno se adapte, sino una escuela inclusiva, en la que todas las culturas tengan su lugar.
Si se consigue este objetivo lograremos aprovechar la riqueza que existe actualmente en nuestras aulas, conseguiremos aprender unos de otros y superar el miedo que se tiene a lo diferente, al cambio. Lo diferente es rico, y si aprendemos a valorarlo, aprenderemos también a ver el lado positivo de la interculturalidad.




